Archive for the ‘Uncategorized’ Category

Héroes, la película

No me hubiera imaginado que me iba a reconciliar con el cine español así, casi sin esperarlo. Yo era de los que estaba harto y lleno de prejuicios frente a las películas que se hacían en España. Por culpa de centrarse siempre en la marginalidad, por tener una mirada sucia, por incluir escenas de sexo cuando no venían a cuento, por defraudarme muchas veces, por estar acomplejados, por intentar reírse de lo que no pueden reírse, o por imitar en plan cutre la entrega de los Oscar americana con su particular gala de los Goya…

Pues llega esta película titulada ‘Héroes’, que es española aunque no lo parezca, y va y me gusta. Lo he pasado bien. He disfrutado. Me he creído su historia. Es cine. Y ha tenido momentos cautivadores.

Historia de unos amigos en la década de los ochenta, no parece española. Se nutre de un montón de referencias que han funcionado y que nos han alimentado cuando éramos jóvenes, con Steven Spielberg de referencia. ‘Los Goonies’ o incluso ‘ET’ son guías claras para su director Pau Freixas. Planos amplios, coloristas,  niños en estado puro aderezados con música épica. Una fotografía muy cuidada, a la vez que clásica. El director no se oculta a la hora de utilizar esos recursos. Lo hace a la cara. No plagia, aprovecha lo que funciona. Y eso se le agradece.

El ‘casting’ de los niños de la película es una auténtica pasada. Del primero hasta el último todos están sembrados. Mención aparte merece la pequeña actriz Mireia Vilapuig, porque es un auténtica bestia. Protagoniza una escena de aproximadamente un minuto que equivale a diez tomos de psicología femenina. Y lo hace sin darse importancia. Fantástica. Espectacular. Todo un descubrimiento.

Con ‘Héroes’ me he reconciliado con el cine español, aunque sea por un tiempo. Historia de niños, de esas que te tocan la fibra, renuncia a la voz en off típica de ‘Aquellos maravillosos años’ o la más reciente dual y fallida ‘Flipped’. La película de Pau Freixas transcurre en dos planos: la del presente y la de la historia de los peques en sí. La segunda gana con diferencia a la primera, en la que la pareja protagonista (Eva Santolaria y Alex Brendemühl) no termina de convencer.

La que sí vuelve a convencer es Nerea Camacho, aunque aparezca poco. De espectacular belleza, no estaría mal que ya la encauzasen a metas más altas y diese el salto a Hollywood. Parece que está destinada a eso. Me encantaría verla en una película junto a Chloe Moretz. Ahí, las dos rivalizando.

Anuncios

Y ganó Azerbaiyán

Ya se ha celebrado el Festival de Eurovisión y un año más no he acertado. Mi favorita, Islandia, se ha quedado en eso de la mitad de la tabla. Y la gran triunfadora de la noche ha sido la pareja de Azerbaiyán.

A pesar de que no haya ganado la que a mí me gustaba, esta vez no me he cabreado tanto como en otros festivales. Quizás porque me ha gustado la actuación de la pareja ganadora. De alguna forma,  me lo he tomado como una especie de venganza por lo que pasó el año pasado, en 2010, cuando quien tenía que haber ganado era otra pareja, en este caso danesa. Aquella canción era mejor.

Bosnia tuvo bastantes más opciones que Serbia, que, al contrario de lo que yo pensaba, no terminó de cuajar entre el público.

España ha vuelto a quedar muy atrás con una canción que era indefendible. Y el “nuevo” comentarista, Íñigo, ha llorado demasiado en las votaciones. Parecía el Mourinho de esto del cante. Tiene que hacérselo mirar, porque además la cagó en dos ocasiones, cuando es más importante mantener el tipo: al principio y al final. A pesar de todo, sigue siendo un profesional.

En cualquier caso, y aunque insistan machaconamente en que este año la cosa tenía mucho nivel, lo cierto es que este ha sido uno de los festivales más pobres musicalmente hablando.  Y además me mosquea mucho que se esté dando demasiada cancha al play back. Era lo que nos faltaba.

Esto es muy gordo

La que lleva montada desde hace tiempo en Sony es muy fuerte. Más de 10 días sin play station network (PSN) Este asunto es demasiado gordo y nunca vamos a saber la verdad.

 Han quedado en evidencia la falta de reflejos de los medios tradicionales que solo se ocupan del asunto 10 días después de lo que ha pasado, cuando ya estaban los foros ardiendo.

Las brechas de seguridad siempre han existido. Nuestros datos han estado expuestos.  Y lo han solucionado en una tarde.

 Esto es distinto. Es más fuerte.

Mientras tanto, este niño intenta lucirse desde hace días con este vídeo:

Hay que intentar reírse. Porque es para echarse las manos a la cabeza.

Si hacen esto con una empresa privada. ¿Qué no habrá pasado con todos los servicios públicos donde hay millones de datos de particulares?. Incluyendo Hacienda, que, por cierto, somos todos.

Limitación a 50

Desde hace ya varios meses la entrada a Oviedo por la A-66, donde también confluyen la A-64, es decir, la entrada de la autopista “Y” de toda la vida viene padeciendo una circunstancia absolutamente impresentable.

Y es que, en plena autovía, han colocado un cartel de limitación a 50 kilómetros por hora. Así, de repente.

De hecho, el cartel de fin de autovía está un kilómetro más adelante.

Esto hace que todo el mundo pise el freno a lo bestia. Es lo que tiene venir por una autovía tranquilo y encontrarte con una señal de 50. Lo malo es si el de detrás no está atento o no conoce la historia.

Como se puede ver en la foto, los frenazos son constantes. Hay situaciones de absoluto riesgo todas las mañanas. Lo sé porque yo paso por allí todos los días.

Cuando alguien se mate, se estrelle o sea embestido por otro vehículo nadie asumirá responsabilidades. Ninguno de los que se permiten hacer estas burradas con nuestro dinero.

El que termine entre los hierros podría ser yo.  Y me tocaría mucho los cojones.

Amiguitos de Creative, iros a la puta mierda

Pues resulta que tengo una cámara web  de la marca Creative.  La compré hace años, pero apenas la he usado.

Sin embargo, precisamente hoy iba a hacerlo. Iba a conectarme con mi sobrinita, mi ahijada, que hace mucho que no la veo a esto de las ocho. Me hacía mucha ilusión.

Como he cambiado de sistema operativo, antes era un Windows XP y ahora un Windows 7, no creía que hubiese mayor problema. Suponía que tendría, a lo sumo, que irme a la página oficial de Creative y bajarme la actualización correspondiente para que funcionase.

Pues no funciona. Ni con el disco original que tengo a mi lado.  Y en la página oficial, dice literalmente:  “El producto que ha seleccionado se ha clasificado como ‘Fin del tiempo de vida'”

Es decir, que ya se despreocupan. Que la cámara ya no vale. Que me compre otra.

Pues amiguitos de Creative, ya os pueden ir dando por el culo. Yo me he quedado sin poder hablar y ver a mi sobrina con una cámara que apenas he utilizado. Pero lo que tengo claro es que no me vais a vender ni un pendrive. Se acabó, capullos. Ineptos.

Ahorraros mandarme un correo electrónico de disculpas. Y sobre todo, evitad venir a verme para pedirme perdón. Porque os meteré la cámara por el culo. Y es pequeña, pero tiene muchas aristas. Hasta para eso sois torpes.

A mí ya me habéis visto.

Me gusta Eurovisión

Todos los años veo el Festival de Eurovisión.  Es una especie de ritual. Me trae muy buenos recuerdos.  Y sí, cuando lo digo públicamente he tenido que tropezar con gilipollas que al enterarse me dicen con aire condescendiente que eso de Eurovisión sólo es para frikis o para gays. A mamarla, a mí me gusta y punto. Y lo veré hasta que me muera porque lo he convertido en una noche mágica. De las pocas noches en las que veo la televisión.

Reconozco que el Festival ha perdido mucho. Ha habido errores de bulto por parte de sus responsables.  La eliminación de la orquesta, el abuso del play back, el afán por parte del colectivo homosexual de apropiarse del evento, la eliminación del jurado,  las votaciones populares por teléfono o SMS, los programas basura para elegir las canciones, alargar artificialmente el evento con semifinales y dejar de lado a auténticas potencias en el mundo de la canción como Irlanda o Italia son, entre otras, cosas que me tocan mucho los cojones.

Pero al final, es lo que es. Un festival de una noche. Una pequeña cita. Un conjunto de canciones que intentan recauchutar lo que ha triunfado durante el año. De vez en cuando se cuela alguna joya. Este año, en una edición de una calidad más bien baja, el tema elegido parece ser el “buen rollo”. Todo apunta a un duelo musical entre Bosnia y Serbia. Tiene cojones, hace unos años estaban matándose. A disfrutarlo.

Yo ya tengo una canción favorita. Y no es ninguna de esas dos de arriba. Otro año que tampoco acertaré y me cabrearé solo.

A WHITER SHADE OF PALE (De cuando intenté dejar de fumar) – y 13

 

VIERNES 21, DÍA 10

Último día de la semana. A partir de mañana, minivacaciones hasta el próximo jueves. Vamos a ello. Sigue resultándome raro el primer momento de la mañana  sin un cigarro. No sé, quizás debería pensar en hacer deporte, en apuntarme a la piscina, en hacer algo…  En el coche, no escucho la canción. Creo que hoy estoy mejor.  

El día está frío, pero hay un cielo azul que siempre anima. Al final lo que cuenta siempre es la luz. Las mujeres están más guapas y el estado de ánimo se viene arriba. Yo puedo con esto y con más. No es ningún drama, joder.

Voy a comer sólo al hotel. Sole, la camarera, me pone en una mesita de estas que tienen individuales. Bueno también pueden comer dos. Me siento de espaldas a la pared, flanqueado por otros dos currantes, cada uno en su mesa. Se está muy bien aquí porque puedes leer el periódico. Estas a tu bola y te sirven rápido y muy profesional. Pero no sé qué pasa. Sole me dice que la mesa cojea, y es cierto.

-Esto te lo arreglo ahora.-dice, Sole. Toda rubia, sonriente. Siempre me cayó muy bien.

Vuelve con una especie de servilletas y se agacha bajo la mesa, a la altura de mis rodillas y se pone a arreglar el asunto, dejando el culo fuera de la mesa. Sí, parece lo que parece. Y por eso le veo gracia al asunto.

-Sole, por favor, aquí no…¡Que puede haber fotógrafos!- le espeto.

No sé cómo va a reaccionar. Pero se ríe. De hecho, se parte el culo.Y mientras, sigue con lo suyo y se da en la cabeza con la tabla de la mesa. Yo también me río. Y los vecinos con sus mesas también. Cuanto más esfuerzo hace para acabar antes, más tarda. Por precipitarse. “Sole, por favor”,  le digo de vez en cuando.  Es divertido, coño. Puedo ser divertido, aunque no fume. Sigo siendo yo.

Siempre que los viernes acabo de trabajar me siento raro. Como si tuviese ante mí una liberación inesperada, cargada de tiempo. Y yo sin saber qué hacer. ¿Saldre? Ya lo veremos. Siempre me ha gustado improvisar. Es lo mío. Pero lo más seguro es que me quede en casa, viendo una película o jugando a la Play. Ahí estoy a gusto.

Llego y me pongo en el ordenador un momento a revisar unas cosas. Pienso que no he escuchado en lo que va de día la canción. Pongo el vídeo en Youtube. La verdad es que he tenido un ojo buenísimo para escogerla. Esos tíos de los años sesenta, con sus bigotes, sus ropas, su rollo alternativo, paseando por Londres…Y me doy cuenta que en todo este tiempo no he reparado en la letra de la canción. Tiene que ser la ostia, porque la canción es brutal.  Así que me busco en Internet la letra.

 Y no lo puedo creer.

‘Nos saltamos el suave fandango

Y giramos ruedas a través del piso

Me sentía un poco mareado

Pero el gentío pedía más

El salón estaba muy activo

mientras el techo se alejaba

Cuando pedimos otra bebida

La mesera trajo una bandeja

Y así fue que después,

cuando el molinero contaba su historia

que su rostro al principio fantasmal

cambió a una blanca palidez

Ella dijo “No existe una razón,

Y la verdad es fácil de ver”

Pero me perdí entre mis cartas de juego

Y no la dejaría ser

Una de las dieciséis vírgenes vestales

Que eran dejadas en la costa

Y aunque mis ojos estaban abiertos

Pudieron bien haber estado cerrados

Y así fue que después,

cuando el molinero contaba su historia

que su rostro al principio fantasmal

cambió a una blanca palidez’

¿Qué coño es esto?

Lo leo una y otra vez y no lo entiendo. No tiene sentido.  Todo este tiempo que he visto el videoclip en Youtube  daba toda la impresión de que decían algo profundo, importante, casi místico…Y resulta que la letra ¡es esta puta mierda!. Lo confirmo en otras páginas web especializadas. Sí, no tiene más. Este auténtico mito de la música, una de las canciones pop más potentes de la historia tiene una letra que no tiene ni pies ni cabeza.

Atónito, releo los versos una y otra vez buscándole sentido alguno. Y no existe. Es totalmente absurdo.  Lo del molinero me supera. Voy saliendo de la petrificación inicial y veo que quizás todo termina encajando. Al fin y al cabo lo que me está sucediendo estos días también tiene un poco de absurdo.  Un Gobierno que fomenta la venta del tabaco. Que luego la prohíbe en bares, restaurantes, centros de trabajo porque es malo para la salud. Pero lo sigue vendiendo. Y hay gente que sale a la calle a congelarse para seguir consumiendo esa cosa. Para aspirar humo. Otros recurren a pastillas que valen un pastón para dejar de congelarse. Unas pastillas que les joden el estómago.  Unos lo dejan y otros vuelven. Algunos se declaran en rebeldía… Todo es raro, complicado. Extraño,  absurdo. Al final, todo es ‘A whiter shade of pale’.

A WHITER SHADE OF PALE (De cuando intenté dejar de fumar) -12

 

JUEVES 20, DÍA 9

Hoy juega el Real Madrid con el Atlético de Madrid. Partido de vuelta de la eliminatoria de Copa del Rey. El Real ganó al atlético en la ida 3 a 1. Pero todo puede pasar en los partidos de vuelta. El encuentro lo emite una televisión de pago, así que si quiero verlo tengo que ir al bar de al lado de mi casa. Tendré que decidirlo a lo largo del día. Será mi primera salida, tomándome una cerveza. ¿Resistiré?

He hablado con Diana, una amiga a la que no veo desde hace años, cuya hermana me ha dicho que también lo había dejado. Bueno, no he hablado. Le he mandado un SMS. Me dice que lleva dos  meses sin fumar. Y que no toma pastillas. Que recurre al yoga. Tócate los cojones. ¿Qué hace? ¿Estirarse y así no le entran ganas?

Tengo que decir que la cantidad de células alrededor de la garganta que me preguntaban al únisono “¿Qué hay de lo nuestro?” se ha reducido. Pero siguen siendo muchas. Las noto. Las oigo. Hablo con un buen amigo, Alberto, sobre temas de trabajo. Y surge el tema del tabaco. Me dice que él lo dejó hace siete años. Me asegura que el tercer mes va a ser el peor. Tiene bemoles. Yo he hecho una semana y parece que ha pasado un siglo y este me habla de meses.

El día transcurre siendo otra lucha en la que permanezco como agazapado. Si lo piensas la cantidad de sitios en los que a uno le entran las ganas de fumar son enormes. Y los que me quedan. En verano, por ejemplo, cuando vaya a Cadiz. ¿Qué voy a hacer en la playa? ¿Y en el apartamento? ¿Y en el chiringuito? ¿Y en la jam session? ¿y cuando vuelva a casa de madrugada pisando la arena de la playa?

Mi madre me llama todos los días. No puede evitarlo. No es que tenga que decirme nada. Es, según ella, para saber que estoy bien. Y como no tiene nada que contarme, habla del tiempo y cosas de esas.  Suele pillarme trabajando. Yo la escucho como un trámite. Y luego me siento mal. Ahora está preocupada por cómo llevo yo lo del tabaco. Todos los días me martillea. Las madres son la ostia.

A todo esto, también tengo que pensar en ir dejando las pastillas. Son caras y creo que me colocan. A veces, se me va un poco la cabeza. Es como si estuviese todo el día con un puntito. Llamo a Jaime cuando llego a casa. Me dice que él también las va a dejar y que lo lleva bien. Que sale casi todos los días. Yo le cuento que hoy voy a ir a ver el partido. Que va a ser una prueba de fuego. Hablo mucho, estoy nervioso. Me viene bien que Jaime haya empezado a tomar antes las pastillas. Y que ahora decida dejar de tomarlas la próxima semana. Así, puede explicarme cómo le va.

Me pongo la cazadora, que empieza el partido a las diez. Voy a ir al bar de al lado de casa. Cojo un gorro, porque está lloviendo, y salgo a la carretera. Y entonces lo descubro. El bar está cerrado. Qué extraño. Por un momento pienso en ir a otro que está un poco más lejos o en ir a Villaviciosa. No sé qué hacer. Estoy inquieto. Para un día que salgo… Pero al final, vuelvo a casa. Mejor. Puede ser una señal. Ya en la cama, casi a punto de dormirme, sigo el encuentro por la radio. Están empatando.

A WHITER SHADE OF PALE (De cuando intenté dejar de fumar) -11

 

MIÉRCOLES 19, DÍA 8

Ya llevo una semana sin fumar y quiero aclarar, por experiencia propia, una serie de cosas. Eso de que te sientes mejor físicamente cuando lo dejas es un bulo. Al menos yo no detecto ninguna diferencia respecto a cuando fumaba, me canso lo mismo. Tampoco percibo más olores ni sabores. Hoy estoy muy estable. Demasiado. Como flotando. No me afecta la ausencia del tabaco. No quiero que me afecte. Yo a mis chicles, mis cosas y para adelante.

Jorge (el que se llama igual que yo) aguanta. Jaime también. Precisamente estoy frente al ordenador y encuentro a una amiga en Facebook que va a dejarlo dentro de poco tiempo. Y a otro amigo que anuncia que va a hacer lo mismo. Les doy ánimos porque sé que eso ayuda. No estoy solo. Vamos, joder, vamos.

En la calle veo a los fumadores. Fuera de los negocios, del trabajo, de los bares, pasando frío. No siento ninguna envidia porque fumen. Les analizo. Los veo desorientados. Están ahí, tirados en la calle, pero de alguna manera te sostienen la mirada. Como si quisieran mantener cierta dignidad. Pero están perdidos. Y lo saben.

Los miércoles es el día en que la limpiadora que se llama Luz llega a la oficina. Siempre me resultó una persona muy desagradable. No suele caerme mal la gente a primera vista, pero esta mujer sí. Es inoportuna, fea y grande. No la aguanto. A veces me siento hasta culpable por estos pensamientos. Pero no los puedo evitar. Llega hoy y no se le ocurre otra cosa que hablar de fumar y de tabaco. Resoplo. Una y otra vez. Decido que voy a cogerme unos días libres. Desde el sábado hasta el miércoles. Cuando Luz se va, lo hago oficial. Así que tengo unas minivacaciones de por medio. Prueba de fuego asegurada. Además, las flatulencias han ido a menos. Y eso me alivia un montón porque es algo que me tenía muy preocupado.

Sigo sintiendo que floto, como con miedo a hacer movimientos bruscos para evitar que me entren esas ganas locas de fumar. Lo consigo. Pero es precisamente cuando lo dejas cuando te das cuenta en todos los sitios en los que lo echas de menos. Lugares  que uno ni se imagina. Y momentos. El de vuelta a por el coche es otro de ellos. Lo pasas mal. Resoplas.

Llego a casa y escucho la canción  ‘A whiter shade of pale’. Me viene bien. Estoy contento de haber escogido este tema. Tengo mucho tiempo por delante.  Puedo hacer deporte, pero no. Juego a la Play. Revoloteo en el ordenador. Miro en la tele un programa de cotilleo. Y de repente me veo en el salón grande caminando, dando vueltas. Me han entrado unas ganas locas de fumar. Recuerdo dos paquetes de tabaco que vi en el coche cuando llegué. Estaban en la alfombrilla trasera, tirados. Seguro que tienen cigarros. Pero hoy no me atreví ni a  tocar esas cajetillas. Debería tirarlas. Ahora las recuerdo. Están ahí, siempre detrás.

Con un sentimiento raro, pero más relajado, por fin me coloco en el sofá y comienzo a ver una película. Se llama ‘Ladrones’. Es buena, tiene ritmo, acción, es entretenida, me gusta. Justo lo que necesitaba, joder. Luego ceno algo rápido. Estoy un poco alterado así que pienso que lo mejor es irme pronto a la cama a leer el libro sobre la Guerra Civil. No tengo a nadie en casa.

A WHITER SHADE OF PALE (De cuando intenté dejar de fumar) -10

 

MARTES 18, DÍA 7

¿Dónde estoy? Ah, es verdad, vuelvo a estar en mi casa, en Villaviciosa. He tenido sueños muy profundos y reales. Esta semana madrugo para ir al trabajo. Permanezco en la cama porque todavía no quiero levantarme. Aún recuerdo lo mal que lo pasé ayer. Sin embargo, parece que hoy estoy mejor.

Así que salgo de la cama, como anestesiado, pensando que si hago algún movimiento brusco posiblemente vaya a pasarlo mal por la ausencia de tabaco. Empiezo a cogerle el punto a la nueva cafetera y sus dosis. La verdad es que para una persona sola está muy bien. No voy a mentir, me apetecería un montón fumarme un cigarro. Pero no puedo. No voy a fumar más, me repito.

Tras escuchar al menos un par de veces ‘A whiter shade of pale’ llego al trabajo mascando chicle. Definitivamente este no es un día malo. Pero lo que de verdad me aterra es pensar que puedo tener recaídas como la de ayer. Yo no contaba con eso. A partir de ahora tendré que estar preparado. En cualquier caso tengo que dejar de dramatizar con las cosas.

Precisamente hoy he hablado por teléfono con un buen amigo, José Miguel. Le he contado que lo había dejado, porque se lo cuento a todo el mundo con el que hablo, ya sabes. Me ha dicho que él lo dejó hace seis años. Que voy a pasar este mes mal, el siguiente mejor, y el tercero voy a estar bastante angustiado. Coloco su predicción en el cajón de múltiples consejos que no me creo y que me van arrojando estos días todos los ex fumadores con los que hablo.

José Miguel me dice que los psicólogos suelen comparar dejar el tabaco con la muerte de un ser querido. Que tarda en el tiempo. Esto sí que es nuevo para mí. No se me había ocurrido.  La comparación se me hace extraña. Pero luego lo pienso y no es tan descabellada. De alguna manera yo me siento vacío desde que he dejado de fumar, como si me faltara una parte. Y sé que sólo el paso del tiempo va a hacer que desaparezca esa sensación. No hay recetas milagrosas, lo que cuenta es que pase el tiempo. Por otro lado, ¿cómo sabe mi amigo lo que dicen los psicólogos? ¿Habrá ido? No se lo pregunto.

Termino de trabajar. Qué pronto se hace de noche. Apenas hay luz a las cinco y media. Voy por una de las calles más transitadas de Oviedo en dirección al aparcamiento, con las manos metidas en los bolsos y con la capucha, porque llueve un poco. En la mano derecha noto algo frío y detecto que es metálico. Entiendo que es un bolígrafo, y de los buenos. Así que quiero echarle una ojeada. Lo saco del bolso. No. No es un bolígrafo, es un cuchillo con el mango metálico.

Vamos a ver. ¿Qué coño es esto? ¿Qué hace un cuchillo en el bolso de mi cazadora?  Me paro en la calle mirando al cuchillo metálico, que sujeto en la mano. Está sucio, presenta restos de comida. De mi casa no es. Del restaurante donde como habitualmente tampoco porque no tienen ese diseño. Quizás sea uno que había en un cuarto de la oficina, que se solía utilizar para cortar los pasteles que se regalaban por algún cumpleaños. Pero ¿cómo diablos ha terminado en mi bolso?

Pienso todo eso y me hago preguntas, cuando me doy cuenta de que estoy en medio de la calle, con el rostro semioculto por una capucha y mirando un cuchillo metálico que sostengo en la mano. Por eso la gente que va caminando se aleja de mí. Qué fuerte. Necesito deshacerme de él. ¿Dónde hay una papelera?. Si algún agente de Policía me ve seguro que me dice algo. O me detiene. Sigo caminando en busca de una puñetera papelera. Pero me doy cuenta de que camino con el cuchillo agarrado por la empuñadura. Joder. En el bolso no lo voy a volver a meter, que está sucio. Me decido por cogerlo por la parte sucia, retrasando el mango hacia la muñeca, ocultándolo. ¿Qué pensará la gente? Por fin. Encuentro una papelera y me deshago del cuchillo.

No le encuentro explicación. Llamo a la oficina a ver si ha habido alguna simpática que me lo haya metido en el bolso en plan de broma. Sospecho de una. Pero, asombrados por lo sucedido, lo niegan una y otra vez. Pues yo tampoco me he metido el dichoso cuchillo en el bolso.

Ya cuando llego a casa estoy más tranquilo, tras 25 minutos de trayecto en coche. Tengo muchas horas por delante y sin fumar. Pienso en el cuchillo y que hoy lo estoy llevando mejor que ayer. Me pongo a mirar cosas en el ordenador y entonces sí, entonces me entran ganas de fumar. Como estoy en el salón grande me da por andar. Doy vueltas, camino en redondo. Joder, qué cuadro.

Luego para cenar, lasaña recalentada. Me voy a la cama prontito a leer. Pongo la radio y me quedo dormido con su eco. Qué mal se sintoniza la radio en esta casa. ¿He tomado la pastilla? Ah, sí.