A WHITER SHADE OF PALE (De cuando intenté dejar de fumar) – y 13

 

VIERNES 21, DÍA 10

Último día de la semana. A partir de mañana, minivacaciones hasta el próximo jueves. Vamos a ello. Sigue resultándome raro el primer momento de la mañana  sin un cigarro. No sé, quizás debería pensar en hacer deporte, en apuntarme a la piscina, en hacer algo…  En el coche, no escucho la canción. Creo que hoy estoy mejor.  

El día está frío, pero hay un cielo azul que siempre anima. Al final lo que cuenta siempre es la luz. Las mujeres están más guapas y el estado de ánimo se viene arriba. Yo puedo con esto y con más. No es ningún drama, joder.

Voy a comer sólo al hotel. Sole, la camarera, me pone en una mesita de estas que tienen individuales. Bueno también pueden comer dos. Me siento de espaldas a la pared, flanqueado por otros dos currantes, cada uno en su mesa. Se está muy bien aquí porque puedes leer el periódico. Estas a tu bola y te sirven rápido y muy profesional. Pero no sé qué pasa. Sole me dice que la mesa cojea, y es cierto.

-Esto te lo arreglo ahora.-dice, Sole. Toda rubia, sonriente. Siempre me cayó muy bien.

Vuelve con una especie de servilletas y se agacha bajo la mesa, a la altura de mis rodillas y se pone a arreglar el asunto, dejando el culo fuera de la mesa. Sí, parece lo que parece. Y por eso le veo gracia al asunto.

-Sole, por favor, aquí no…¡Que puede haber fotógrafos!- le espeto.

No sé cómo va a reaccionar. Pero se ríe. De hecho, se parte el culo.Y mientras, sigue con lo suyo y se da en la cabeza con la tabla de la mesa. Yo también me río. Y los vecinos con sus mesas también. Cuanto más esfuerzo hace para acabar antes, más tarda. Por precipitarse. “Sole, por favor”,  le digo de vez en cuando.  Es divertido, coño. Puedo ser divertido, aunque no fume. Sigo siendo yo.

Siempre que los viernes acabo de trabajar me siento raro. Como si tuviese ante mí una liberación inesperada, cargada de tiempo. Y yo sin saber qué hacer. ¿Saldre? Ya lo veremos. Siempre me ha gustado improvisar. Es lo mío. Pero lo más seguro es que me quede en casa, viendo una película o jugando a la Play. Ahí estoy a gusto.

Llego y me pongo en el ordenador un momento a revisar unas cosas. Pienso que no he escuchado en lo que va de día la canción. Pongo el vídeo en Youtube. La verdad es que he tenido un ojo buenísimo para escogerla. Esos tíos de los años sesenta, con sus bigotes, sus ropas, su rollo alternativo, paseando por Londres…Y me doy cuenta que en todo este tiempo no he reparado en la letra de la canción. Tiene que ser la ostia, porque la canción es brutal.  Así que me busco en Internet la letra.

 Y no lo puedo creer.

‘Nos saltamos el suave fandango

Y giramos ruedas a través del piso

Me sentía un poco mareado

Pero el gentío pedía más

El salón estaba muy activo

mientras el techo se alejaba

Cuando pedimos otra bebida

La mesera trajo una bandeja

Y así fue que después,

cuando el molinero contaba su historia

que su rostro al principio fantasmal

cambió a una blanca palidez

Ella dijo “No existe una razón,

Y la verdad es fácil de ver”

Pero me perdí entre mis cartas de juego

Y no la dejaría ser

Una de las dieciséis vírgenes vestales

Que eran dejadas en la costa

Y aunque mis ojos estaban abiertos

Pudieron bien haber estado cerrados

Y así fue que después,

cuando el molinero contaba su historia

que su rostro al principio fantasmal

cambió a una blanca palidez’

¿Qué coño es esto?

Lo leo una y otra vez y no lo entiendo. No tiene sentido.  Todo este tiempo que he visto el videoclip en Youtube  daba toda la impresión de que decían algo profundo, importante, casi místico…Y resulta que la letra ¡es esta puta mierda!. Lo confirmo en otras páginas web especializadas. Sí, no tiene más. Este auténtico mito de la música, una de las canciones pop más potentes de la historia tiene una letra que no tiene ni pies ni cabeza.

Atónito, releo los versos una y otra vez buscándole sentido alguno. Y no existe. Es totalmente absurdo.  Lo del molinero me supera. Voy saliendo de la petrificación inicial y veo que quizás todo termina encajando. Al fin y al cabo lo que me está sucediendo estos días también tiene un poco de absurdo.  Un Gobierno que fomenta la venta del tabaco. Que luego la prohíbe en bares, restaurantes, centros de trabajo porque es malo para la salud. Pero lo sigue vendiendo. Y hay gente que sale a la calle a congelarse para seguir consumiendo esa cosa. Para aspirar humo. Otros recurren a pastillas que valen un pastón para dejar de congelarse. Unas pastillas que les joden el estómago.  Unos lo dejan y otros vuelven. Algunos se declaran en rebeldía… Todo es raro, complicado. Extraño,  absurdo. Al final, todo es ‘A whiter shade of pale’.

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