A WHITER SHADE OF PALE (De cuando intenté dejar de fumar) -8

 

DOMINGO 16-DÍA 5

Bueno, me levanto pronto, pero no tanto. Aún así tengo tiempo de sobra para brujulear por la casa de mis padres. Cafecito y ordenador (sin pitillo). Los periódicos cuentan historias de fumadores y ex fumadores. Resulta que ahora hay presuntos fumadores que salen a la calle con la excusa de fumar y se largan luego sin pagar. Dicen que es un problema serio. Hay noticias también de hosteleros que hablan de despedir a sus empleados por falta de clientela. Dejo de leer esas cosas. A lo mejor no me conviene tanto leer sobre el tema del tabaco.

Es por la mañana y lo llevo razonablemente bien. Y entonces sucede. De repente, me llega unas ganas de fumar locas. Lo paso mal. Joder, estoy en el quinto día. ¿Por qué me pasa ahora esto?. Lo resisto como puedo y vuelvo a la situación normal. Y entonces intento racionalizar las causas de estas ganas locas que me han entrado de repente. Quizás lo que ocurre es que al principio el cuerpo pedía tabaco y me atacaba pidiéndomelo. Pero yo le veía venir y podía resistir mejor. El cuerpo vio que no lo podía lograr y ahora ha cambiado de técnica. Y por eso recurre al factor sorpresa. Intenta atacarme cuando no lo espero. Debo estar prevenido para eso.

También trabajo hoy domingo. Así que ya voy en el coche, conduciendo en dirección a la oficina. Y me pasa una cosa. Te aviso de que lo que voy a contar ahora es un poco desagradable. Me tiro un pedo. Pero no un pedo cualquiera, sino uno de esos profundos y largos, pero que además tiene un olor auténticamente nauseabundo.  Lo cierto es que es algo que me pasa desde el primer día que dejé de fumar. Hasta ahora no hecho referencia porque pensaba que no tenía importancia. Al fin y al cabo ventosidades las tiene todo bicho viviente. Pero los que yo me tiro ahora son pedos cualificados, mucho más potentes que los que me tiraba cuando fumaba.

Si tiro uno de estos pedos en un local de copas, lo vacío. Porque su olor, auénticamente asqueroso hasta para mí, ni siquiera se vería mitigado por el olor a humo de tabaco que había antes de la ley. Creo que causaría un efecto peor que un spray de pimienta. ¿Qué voy a hacer si me pasa? ¿Y si me tiro uno con alguien conocido? ¿Y si sucede en la cama con una amiga? ¿Y en una reunión de trabajo?… Me muero. En serio, es una pasada. Tengo que abrir las ventanas del coche y todo para que se ventile. Qué fuerte.

Llego a casa de mis padres. Última noche aquí. Estoy tranquilo y veo al Real Madrid empatar con el Almería y al Barcelona golear al Málaga. Mis padres tienen contratado un paquete de esos de pago para ver la televisión y es una gozada tener acceso a todos los partidos. Cena agradable con ellos. Me voy para la cama pronto. A dormir. Otro día que he aguantado. Parece que llevo ya un montón de tiempo.

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