A WHITER SHADE OF PALE (De cuando intenté dejar de fumar) -5

 

JUEVES 13 DE ENERO- DÍA 2

Como me acuesto pronto, me despierto pronto. Intento quedarme el máximo tiempo en la cama, aunque sea dando vueltas. Porque así evito tentaciones. Ayer me costó un montón no fumar. Y hoy también me costará, seguro. Finalmente, me armo de valor y salgo de la cama. Café y al ordenador. Sin cigarro. Pero en esta ocasión sí hago de cuerpo. No con normalidad plena, pero algo. Tal y como hice ayer me doy una ducha larga. No quiero salir. Me va a apetecer. Sólo de pensarlo me agobio.

Dicen que para dejar de fumar lo bueno es hacer deporte. Así que pongo música cañera y me dispongo a hacer algo. No sé, unas series de planchas, abdominales, o biceps levantando cartones de leche… Hago una serie de planchas, otra de abdominales. Y me siento ridículo. No estoy preparado. Apago la música.

Intento analizar lo que me pasa. Racionalizarlo. El estómago me da como punzadas, como riñéndome, reprochándome que le haya dejado sin tabaco. Bueno, puede que no sea el estómago, es la zona de la barriga. Y luego también tengo una especie de cosquilleo en la cabeza. Resoplo. Hoy sí voy al bar de al lado. Qué raro todo. Sin fumar. Se lo cuento a todo el que puedo.

Ya en la calle empiezo a hacer una cosa. Detecto a los fumadores, me fijo en ellos. Los veo en las terrazas de los bares pasando frío. Paso al lado mordiendo el chicle ya sin sabor y les miro de reojo. Tienen la mirada perdida, aunque quieran camuflarse en una pose de satisfacción. Por lo que a mí se refiere no creo que vuelva a los bares a tomar un café a lo largo del día como hacía antes. ¿Para qué? ¿Para pasarlo mal?. Ni de coña. Por eso entiendo que los hosteleros se estén quejando. Les ha tenido que bajar la clientela.

El día vuelve a ser fastidiado. Me vuelve el ansia y recurro a los resoplidos. Noto como si me moviera más. Como si estuviera más nervioso. Pero todo el mundo me apoya y eso me ayuda mucho. A primera hora he recibido un mensaje de Jorge (el que se llama igual que yo) que decía “Vamos, vamos”. Le he contestado “Sí, sí, yes we can”. En esos momentos es en los que me siento bien. Como si hubiese superado una gran gesta. En Facebook también tengo nuevos mensajes de apoyo.

Decido que este fin de semana me quedaré en casa de mis padres. Es otro sitio en el que suelo fumar y tengo que ponerme a prueba también en ese lugar. Ellos nunca han fumado y siempre han sido muy pesados pidiéndome que lo deje. Demasiado pesados. Por la tarde me encuentro por la calle a mi padre.

– ¿Que tal? Me ha dicho tu madre que has dejado de fumar- Me dice, visiblemente satisfecho.

– Sí, sí. Todo bien. Ahí vamos – Le respondo, con una sonrisa en la boca, haciéndome el fuerte.

– Pues habrá que celebrarlo…¡Fumando un puro!

Mi padre es un crack. Y tras despedirnos me entra una satisfacción en el cuerpo muy grande. No sabría como explicarlo. Lo cierto es que el día se está acabando y he vuelto a resistir. No he fumado. Llevo ya muchas horas sin hacerlo. ¿Hasta cuando me durará estas ganas?.

Ya en casa, vuelvo a cenar pollo empanado recalentado. Está bueno con mayonesa. Y entonces no me entra el sueño, como otros días. Me pongo a ver la tele. Al lado está el bote con ocho euros, el dinero que me habría gastado en tabaco estos días. Veo Gran Hermano hasta las 24.00 horas. Y aunque tengo ganas de fumar, no lo hago. Jorge (el que se llama igual que yo) tampoco lo hace. Me ha mandado un mensaje dándome ánimos. Yo le mando otro similar y me acuesto…

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