A WHITER SHADE OF PALE (De cuando intenté dejar de fumar) -4

 

MIÉRCOLES DÍA 12.- DÍA 1 

Llegó el día. Qué sensación más rara. O sea, que no puedo fumar ni un cigarro, vamos. Esto es muy fuerte. Hago el café en la máquina que mis padres me regalaron el día de reyes. Una de esas de cápsulas. Para una persona sola como yo estas máquinas están fenomenal. Pero para mucha gente tiene que ser un coñazo. Todo el día que si cápsula va y cápsula viene.

Total que bajo al otro salón, como todos los días, con mi café recién hecho. Y me falta el cigarro. Y no puedo fumar. Ha llegado el día. E intento mentalizarme. Pienso que las pastillas tienen que hacerme algún efecto. Pero nada. ¿Y si las pastillas son un fraude?. Porque las estoy pasando canutas. Incluso no consigo hacer de cuerpo. Cosa rara en mí, que siempre he sido como un reloj. ¿Y si por eso la gente engorda cuando deja de fumar?. Quizas es que dejan de ir al baño con regularidad y no evacúan. Y van acumulando dentro. Joder, se me va la cabeza. Escucho ‘A whiter shade of pale’ a todo volumen en el ordenador. Veo el vídeo en Youtube. Y me reconforta.

Todo es raro. Porque en cada movimiento voy pensando en cuándo me echaría el próximo cigarro. Me como la cabeza. Supongo que eso es normal. O no. Pero es duro, tan duro como yo pensaba o más. “Ahora fumaría”, y me visualizo haciéndolo. Y no sé si eso es bueno o es malo. Entonces, me doy cuenta de que tengo los ceniceros llenos de colillas repartidos por toda la casa. Hay que fregarlos. Lo hago con cierta sensación de despedida y los dejo secar.

Ahora las pastillas de Champix que me tomo, a partir de esta semana, son más grandes. Y además tienen un color azulado. Por cierto que el otro día me comentaron que sus fabricantes son los mismos que los de la Viagra. Pues me he levantado de la cama con el mastil por todo lo alto. Igual tiene algo que ver. Hay que pensar en cosas que no sean tabaco ni fumar. Pero me es muy difícil.

Por supuesto, al bar que suelo ir a tomar otro café al lado de mi casa no acudo en esta ocasión. Sigo asociando tomar un café en un local con fumar. Madre mía, qué mal lo voy a pasar. Tengo que ir a trabajar.

Curiosamente, en el viaje en el coche hacia el trabajo, donde no suelo fumar, las paso canutas. Tengo que ponerme la canción de ‘A whiter shade of pale’. A todo volumen y pisando bien el acelerador por la autopista. Y entonces hago algo que me relaja. Grito. Sí, grito un “¡Yo puedooooo”, hasta quedarme sin aire. Y lo hago más de una vez. Es ridículo, lo sé. Pero en nuestro coche todos hacemos cosas ridículas. Como si no nos viera nadie. Imagino a otro conductor que me vea como un enajenao gritando mientras le adelanto y me entra una risa nerviosa.

El día es un puñetero infierno. Voy descubriendo todos los puntos en los que solía fumar y ahora no puedo hacerlo. Me lo pide el cuerpo y yo no se lo doy. Me lo pide la cabeza. Y no me doblego. Porque además no llevo ni tabaco ni mechero encima. Eso también se me hace raro.

Le cuento lo que siento a un compañero de oficina. Pobre. Le estoy poniendo la cabeza como un bombo, cuando él no sabe lo que es esto. Que se joda. Yo tengo lo mío. Después nos vamos juntos al supermercado. Él siempre compra agua y se bebe botellas y botellas. Nunca he entendido esa historia. Beber agua por beberla siempre me ha parecido absurdo. Lo hacen mucho las chicas, dicen que porque adelgazan. Supongo que mearán y cagarán más, no sé.

En esta ocasión yo también compro agua, una botella de Fuensanta. Bebiendo a sorbitos cuando me apetezca fumar quizás mitigue el deseo ese.  Me da cierto rubor comprar sólo la botella de agua. Así que también me llevo un estropajo para fregar y un pack de chicles. Y que la dependienta me dé una bolsa.

Paso la tarde bastante mal. Me viene el ansia. Y vuelve a venirme. Descubro una técnica, aparte del agua y de los chicles. La que he denominado la técnica del resoplido. Consiste en respiraciones profundas por la boca. Así puede que oxigene el cerebro y engañe al cuerpo. No estoy bien. No me siento completo. Tengo que pasar el día. Como ya es por la tarde, llamo a Jaime por teléfono. Y me dice que este es su tercer día. Que lo lleva peor que el primero. Me hunde.

Hay que seguir. En el coche, de vuelta a casa, otra vez el ansia. La canción, el grito. Espero que no tenga que hacer esto siempre. Cuando llego al hogar, sensación rara. Decenas de sitios y momentos en los que echaría un cigarro. Quiero meterme en la cama cuanto antes. Ceno pollo empanado recalentado y me voy al sobre. He hablado con Jorge (el que se llama igual que yo) y también está aguantando. Me reconforta que, al final del día, yo pueda decir que también lo he hecho.

Anuncios

No comments yet

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: