A WHITER SHADE OF PALE (De cuando intenté dejar de fumar) -3

MARTES DÍA 11. DÍA -1

Hoy sí que la cosa se pone tensa. Es el último día. Se dice pronto. Saboreo ese primer cigarro de la mañana, mirando los titulares de los periódicos en el ordenador. Y de repente me da un punto muy raro. Voy a la nevera y saco unos botes de cristal vacíos que hace meses contenían pimientos. Como soy bastante vago para lo que quiero, los había dejado en la nevera. En plan decorativo, ya ves.

Friego esos botes. ¿Que por qué?. Pues porque va a ser ahí donde meta los cuatro euros diarios que me ahorraré por no fumar. Como son de cristal voy a tenerlos a la vista. Y si haces cuentas, a lo largo del año es un dinero. Unos 1.600 euros. Me han dicho que ayuda. Pongo el primer bote al lado de la televisión. Mañana meteré mis primeros cuatro euros.

Estoy fumando compulsivamente en el día de hoy. Lo noto. Se me acaba el chollo. ¿Cómo será la vida de ex fumador? ¿Lo aguantaré? ¿Será demasiado duro? ¿Y si vuelvo?. Son preguntas que me van martilleando la cabeza. Noto que el cigarro sabe de otra manera, aunque si te digo la verdad yo nunca he sido de distinguir el sabor de los cigarros. Pero me los ventilo que da gusto.

Voy en coche en dirección al trabajo y tengo que dar la vuelta porque se me ha olvidado la pastilla. Joer, voy a llegar tarde. Por fin entro en la oficina y hago una cosa que he venido pensando en el coche, en el trayecto: si lo que quiero es que lo sepa mucha gente, lo mejor es ponerlo en Facebook. Y además, he elegido una canción para que me acompañe en toda esta aventura. La he escuchado en el coche y me ha convencido. La he buscado en Youtube y he colgado su vídeo en mi muro junto con el comentario ‘Desde mañana, 12 de enero, adiós al tabaco’. Joer, qué agobiado estoy.

La canción que he elegido se titula ‘A whiter shade of pale’ y es de un grupo que se llamaba Procol Harum. Está guapisima y creo que recoge mi estado de ánimo. Tiene un punto de desgarro, melancólico pero también deja la puerta abierta a la esperanza. Acabo de releer la frase anterior y creo que me estoy volviendo gilipollas. Cosas de las pastillas, digo yo.

Al poco tiempo, comienzan a llegar comentarios a mi muro. Bien, eso es que lo están leyendo. Algún confundido diciendo que esta no es la primera vez que lo intento. Qué chorrada. Pero la mayoría de los comentarios me transmiten ánimo, cosa que agradezco. Le doy a lo de ‘me gusta’. Ya está. Lo sabe un montonazo de gente. No me puedo volver atrás. Qué agobio.

Todos los días como en un restaurante próximo a la oficina. Pues hoy, como un gilipollas, he entrado con el cigarro encendido y fumando. Era lo que siempre hacía antes de entrar en vigor la ley. Noto que la gente me mira. Pero yo, como si nada. Voy eligiendo un periódico para leer durante el tiempo que como. Pero veo que los camareros también me miran demasiado, aunque no me dicen nada, en una conducta propia de los profesionales que te cobran 11, 50 euros por un menú escaso. Y entonces, ¡Zas!, me doy cuenta. Joder, qué vergüenza. Doy pasos atrás, abro la puerta exterior y tiro el cigarro, aún encendido a la calle. Y se lo comento a Sole, que es una de las camareras.

– Joder, que he entrado fumando…- Le digo

– No fastidies. No me había dado cuenta. – Me responde.

Qué profesional

Los clientes me siguen con la mirada de reojo, mientras me dirijo a la mesa asignada. Comentan entre ellos. Todo el mundo habla del tabaco. De la nueva ley. Jode,  qué agobio.

La tarde transcurre intensa, mucho trabajo. Y yo pienso en el atracón de fumar que me voy a pegar cuando llegue a casa. La última noche del último día que he podido hacerlo. Eso ¿se celebra o algo?, ni idea.

Al fin llego a casa y comienza el festival. Cigarro tras otro. En el salón, en la cocina, en el otro salón…Partiditas en la Play que dejo a medias para echar un cigarro. Mañana ya no podré. ¿Lo aguantaré?. Vuelvo al salón de arriba. Pongo la televisión a ver si me quita esta tensión que tengo. Y sigo fumando. Pero el sueño me vence otra vez a eso de las once. Me angustia pensar que ya no voy a fumar más. Putas pastillas. Me voy a la cama.

Prácticamente dormido me sobresalta el sonido de mi teléfono móvil. Es un mensaje de Jorge  (el que se llama igual que yo). “Mañana, a por todas!!”, me pone. Uff. Medio dormido, le contesto: “Ahí, ahí”. Ay, madre.

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