LA OCULTA PERVERSIÓN

 

Juego: Imperivm Civitas II

Valoración: 6,6

Soporte: PC

Idioma: CASTELLANO

Edad: +12

Precio: 19,95 euros

 

Fue noticia hace un tiempo. El Parlamento Europeo ubicado en Estrasburgo (Francia) era el escenario de la presentación del juego Imperivm Civitas II. Eurodiputados de Italia, España y Grecia participaron en el acto bajo el lema ‘Aprende jugando con la historia’. Destacaron el carácter educativo y pedagógico del juego. La europarlamentaria italiana Roberta Angelilli se lanzó rápidamente y calificó al videojuego como “una herramienta para la creación de futuros ciudadanos de Europa interesados en la gestión y organización pública y en el respeto a la ley”.

 

Todo muy bonito, formativo, enriquecedor y sano. Algunos jugones incluso lo vieron con buenos ojos. Pero eso es porque no perciben la perversión subyacente. El auténtico cáncer de este tipo de iniciativas. Lo que realmente están haciendo esos eurodiputados, tan aficionados a disfrutar la noche de Estrasburgo en ese bar donde te ponen los hielos con la mano que se llama Les Aviateurs, es imponernos una distinción entre videojuegos buenos y videojuegos demoniacos. Evidentemente Imperivm Civitas II estaría en el primer grupo, el resto ya se verá.

 

Y eso es algo inaceptable. Yo quiero ser libre para jugar al Imperivm cuando quiera, gestionando la sociedad romana, con un nivel de detalle importante, aunque sin excesivas novedades frente a su predecesor. Pero al tiempo, reclamo la opción de cambiar el chip y poner el Call of Duty o el GTA para pegar unos tiros. Me escandaliza el intervencionismo de estos eurodiputados que tocan a dos secretarias por cabeza, con buena presencia y alta cualificación, que les hacen sus notas de prensa llenas de moralina. Sencillamente rechazo que gestionen mi tiempo de ocio. Ni que me digan lo que está bien y lo que está mal. Exijo que se me respete como jugón.

 

Imperivm Civitas II, de la compañía española FX Interactive, no necesita de avales universitarios ni de experiencias pilotos. Tampoco debe servir de cobijo a esa perversión de Angelilli y compañía. Es un juego que cumple por sí solo y que nos vuelve a introducir de lleno en los entresijos de la siempre fascinante sociedad romana. Quizás echemos de menos algo más de profundidad en lo que se refiere a la gestión militar. Pero claro, eso no era tan políticamente correcto. Están locos estos romanos…

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